Nada

Cubierta Bartleby BAquí estoy, una semana más, delante de la pantalla para escribir mi post. A diferencia de otras veces en las que se me acumulan y atropellan las ideas, hoy no sé por dónde tirar. La cosa es empezar, dicen los que han escrito tratados de eso que se llama el pánico a la página en blanco o, con más tino, Vila-Matas en su espléndido libro Bartleby y Compañía, dedicado a lo que él llama escritores del no o ágrafos por su rechazo o renuncia a seguir escribiendo. En cualquier caso, no voy a tomar como excusa la frase del escribiente de Melville: «preferiría no hacerlo».

Yo prefiero hacerlo. Con mayor o menor tino, son muchas ya las semanas en las que he aportado mi opinión sobre algo o alguien y me reconforta saber que hay personas al otro lado, no sé si uno o mil, que leen lo que escribo. Para alguien, como es mi caso, que hasta hace seis meses aproximadamente, no había escrito nunca, tener la confianza de los responsables de dos revistas como Rick’s Magazine, lamentablemente extinta, espero que no por mi culpa, o La Jungla de las Letras, es un gran orgullo. Parece el momento de agradeceros a todos la atención y el ánimo que me aportáis y espero responder a las expectativas que en realidad son básicas: compartir gustos, aficiones o recomendar cosas para mí valiosas y que disfruto poniendo en común.

firmas3En una entrada tan ombliguista como esta, tal vez sea el momento de expresar con claridad, si no se han detectado ya lo suficiente, mis intereses y aficiones. Habiendo trabajado más de veinte años en el sector del comercio y ocio cultural, vendiendo películas, libros, discos y otros artículos más o menos ligados a la cultura, he tenido oportunidad de aprender por contagio y curiosidad. Al tiempo he tenido la suerte de tratar con muchas figuras del mundo del disco y del libro. Comidas, presentaciones, show cases, firmas, ferias… firmasBLa conclusión que uno saca de todo esto es la capacidad de aprendizaje de que nos dota la curiosidad. No he sido un coleccionista de fotos ni firmas de las personas con las que he tratado y creo que eso me ha permitido aprovechar mejor el tiempo hablando de su trabajo o inquietudes. Recuerdo una tarde, hace casi veinte años, en la que tuve oportunidad de pasear y enseñarle la tienda a Álvaro Urquijo. Los Secretos tenían que tocar allí esa tarde y Enrique no apareció hasta la hora de empezar. Me contó cosas de la vida interna de un grupo, de su convivencia, de la personalidad difícil de su hermano… Creo que sin duda eso llena más que una firma en un CD. Otros músicos son más herméticos, otros altivos y otros mitineros. En una comida con Ismael Serrano en el año 2000 aproximadamente, casi salimos todos con el carnet del PCE.

Por lo que hace a los escritores ya definí a grandes rasgos en «Autores y librerías» sus comportamientos pero el espectro es tan variado que no acabaría nunca de contar anécdotas. Sin duda los que más me gustan son los que disfrutan hablando de literatura, de la obra de los demás, de a quién admiran o cuáles son sus referentes. Hay muchos y es porque, como debería ser normal, un escritor tiene que amar la literatura. En general es así pero en otros casos, aman más el negocio. Un caso de estos últimos es Dominique Lapierre que montó un escándalo monumental en la librería porque había pocos ejemplares de sus libros o Paulo Coelho que se escandalizó de que sus libros estuvieran catalogados como de autoayuda y no como narrativa. Tal fue el berrinche que al final el editor tuvo que llamar a la central y se cambiaron los libros de sección en todas las librerías de la cadena. Lo que no sabe el bueno de Paulo es que a partir de entonces, vendió menos, los clientes autosuficientes que buscan las cosas con lógica y si no encuentran algo no preguntan, no localizaban sus «novelas»…

Hablando de estas cosas, hay una figura que merece unas líneas para que se valore su labor en su justa medida: los encargados de prensa y promoción que acompañan a los artistas a las radios, las tiendas, las comidas y las firmas. Son como una especie de ángel de la guarda para el autor pero tienen que estar a todo. Se encargan de programar la jornada, de convocar a prensa o libreros, de hacer o intentarlo, que la gente acuda a una presentación o firma y hasta de procurarse el restaurante y hacerle de aguador al autor. La mayoría son encantadores y tienen una paciencia que deja en ridículo a Job.

En fin, para no saber de qué escribir, parece que he cumplido.

José A. Valverde

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