Entremés: «Por quién doblan las campanas» de Ernest Hemingway

«En medio de todo aquello, pensaba Jordan, entre el miedo que reseca la boca y la garganta, entre el polvo levantado por los escombros y el pánico de la pared que se derrumba, tirándose uno al suelo entre el fulgor y el estrépito de una granada, limpiando una ametralladora, apartando a los que la servían, que yacen con la cara contra el suelo cubierta de cascotes, protegiendo la cabeza para tratar de arreglar el cargador encasquillado, sacando el cargador roto, enderezando las cintas, pegándose luego al suelo detrás del refugio, barriendo después con la ametralladora la carretera, hiciste lo que tenías que hacer y sabías que estabas en lo cierto. Entonces conociste el éxtasis de la batalla, con la boca seca y con el terror que apunta, aun sin llegar a dominar, y luchaste aquel verano y aquel otoño por todos los pobres del mundo, contra todas las tiranías, por todas las cosas en las que creías y por un mundo nuevo, para el que tu educación te había preparado. Aquel invierno aprendiste a sufrir y a despreciar el sufrimiento en los largos períodos de frío, de humedad y barro, a cavar y construir fortificaciones. Y la sensación del verano y del otoño desaparecía bajo el cansancio, la falta de sueño, la inquietud y la incomodidad. Pero aquel sentimiento estaba allí aún y todo lo que se sufría no hacía más que confirmarlo. Fue en aquellos días cuando sentiste aquel orgullo profundo, sano y sin egoísmo… Todo aquel orgullo, en el Gaylord, te hubiera hecho pasar por un pelmazo imponente, se dijo».

Por quién doblan las campanas (For Whom the Bell Tolls, Ernest Hemingway, 1940)

 

Ernest Miller Hemingway nació en Oak Park, Illinois (Chicago) el 21 de julio de 1899. Aunque odiaba a su madre, sus enseñanzas musicales fueron esenciales para marcar cierto estilo en algunas de sus obras. Y mientras su madre le instruía en el arte de la música, su padre, profesional médico, lo hacía, a la temprana edad de cuatro años, en caza, pesca y acampada en los lagos y bosques del norte de Michigan. Aquello fue el germen que promovió su querencia hacia espacios aislados o remotos y las aventuras al aire libre. Como muchos otros escritores, Hemingway fue periodista antes que novelista y su primer artículo fue publicado en The Trapeze, el periódico de la escuela. Al acabar la secundaria, comenzó a trabajar como reportero en el periódico Kansas City Star. Ese empleo duró apenas seis meses, pero sentó las bases de su futuro estilo literario. En 1918 participó en la Primera Guerra Mundial como conductor de ambulancias de la Cruz Roja en Italia, donde poco después fue herido gravemente por el fuego de un mortero. Tras recuperarse y de nuevo en Estados Unidos, comenzó a trabajar como escritor profesional independiente y corresponsal extranjero del Toronto Star Weekly. Meses más tarde, Hemingway se casó y se trasladó a París donde siguió con sus labores para el Toronto Star Weekly. Allí conoció a escritores como Gertrude Stein, James Joyce y Ezra Pound e influyentes pintores como Pablo Picasso, Joan Miró y Juan Gris. Tras más de un año en París, el matrimonio viajó a Kansas City, donde nació su hijo Patrick.  Luego se marcharon a Nueva York. Allí, Hemingway recibió un telegrama con una devastadora noticia: su padre se había suicidado minutos antes de que recibiera la carta de Hemingway en la que decía que no se preocupara por los problemas financieros.  El escritor trabajó como corresponsal cubriendo la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial, además de otros conflictos. La influencia de sus viajes y experiencias bélicas en su obra es notoria. Según el académico Frederic Svoboda, la popularidad de la obra de Hemingway se basa en gran medida en los temas que trata: el amor, la guerra, la naturaleza y la pérdida, todos ellos muy presentes en su obra. Hemingway recibió el Nobel de Literatura en 1954. Además de sus obras publicadas, hubo otras muchas que no llegaron a ver la luz, que quedaron inacabadas o estancadas. 1960 fue un año difícil para Ernest Hemingway, que estuvo gravemente enfermo, guardando cama durante días, sintiéndose al borde de un colapso. La paranoia se asentó en él –creía que el FBI seguía sus pasos– y las preocupaciones por los impuestos, sus finanzas y la seguridad hicieron mella en su salud física y mental. Fue tratado con terapia electroconvulsiva a finales de 1960, lo cual dejó a Hemingway exhausto. Se suicidó de un disparo en la cabeza el 2 de julio de 1961 en su casa de Ketchum, Idaho. Se le conoce por obras tales como: Fiesta (The Sun Also Rises, 1926), Adiós a las armas (A Farewell to Arms, 1929), Tener y no tener (To Have and Have Not, 1937), Por quién doblan las campanas (For Whom the Bell Tolls, 1940) o El viejo y el mar (The Old Man and the Sea, 1952).

 

 

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