Entremés: «Paraíso inhabitado» de Ana María Matute

«Un día en que nos visitó la tía Eduarda, oí decir a mamá, preocupada: «Esta niña no habla… es un tormento conseguir que diga una sola palabra», y Eduarda —no le gustaba que la llamáramos tía, sólo Eduarda— le contestó: «Mejor para ella». Me miró por primera vez, con sus grandes ojos azules, parecidos o quizá iguales a los del Unicornio, y añadió: «Tendrá otro lenguaje». Con otro lenguaje, y sabiendo que las flores marchitas pueden resucitar en la noche, y también cuentan sus historias las tazas, los tenedores, las agujas de zurcir y las sartenes, recalaba yo, en mi barquito de papel de periódico, hasta la gruta bajo el alto e incómodo sofá, donde me permitían ver, oír y oler todas aquellas criaturas que fingían no verme, pero me querían. O así me gustaba creerlo. Ya, tiempo atrás, un par de estatuillas, una blanca, la otra negra, me habían hecho señas. A veces levantaban la mano y la agitaban como un saludo, otras sonreían. Y, cosa rara, sonreía más la oscura, aquella a la que apenas podía ver la cara. Pero sobre todas estas cosas, había como un viento bajo, secreto, que avanzaba conmigo a ras de suelo, rozando la alfombra, hacia los balcones: como cuando en otoño oí crepitar las hojas caídas, bajo las pezuñas del Unicornio. Todavía no había estado nunca en un bosque y, sin embargo, lo presentí, tal como fue años después: cuando ya leía, y no sólo escuchaba historias de labios de María o Isabel, sino que podía levantarlas yo misma de entre las páginas de aquellos libros que tanta importancia tuvieron para mí».

Paraíso inhabitado (Ana María Matute, 2008)

Ana María Matute La JunglaAna María Matute nació el 26 de julio de 1925 en Barcelona. El odio, la violencia, la muerte, la angustia, la miseria y la extrema pobreza de las que fue testigo durante la Guerra Civil Española, la marcaron profundamente e influenciaron su narrativa. Sus primeras obras literarias reflejan el hondo pesar de una infancia robada por el trauma del conflicto. Con 17 años escribe su primera novela (Pequeño teatro), publicada 11 años más tarde. Fue doctora honoris causa por la Universidad de León y miembro honorario de la Hispanic Society of America y de la American Association of Teachers of Spanish and Portuguese. Ha sido, además, profesora invitada en las universidades norteamericanas de Oklahoma, Indiana y Virginia. Quedó semifinalista del Premio Nadal en 1949 con Luciérnagas; sin embargo, la censura impidió su publicación. Ha sido una mujer marcada por la tragedia y los traumas a lo largo de su vida, así como perseguida por la sombra de la depresión. Fue propuesta para el Premio Nobel de Literatura en 1976. En 1984 ganó el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil con Sólo un pie descalzo. En 1996 es elegida académica de la Real Academia Española, siendo la tercera mujer en formar parte de la institución. Fue miembro honorario de la Sociedad Hispánica de América y existe un premio literario que leva su nombre. Sus libros han sido traducidos a 23 idiomas. En 2007 recibió el Premio Nacional de las Letras Españolas y en 2010 el Premio Cervantes. Murió el 25 de junio de 2014 en Barcelona. Se le conoce por obras tales como: Los hijos muertos (1958), Los soldados lloran de noche (1963), La torre vigía, (1971), Olvidado Rey Gudú (1996) o Aranmanoth (2000).

 

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