Django Reindhardt

Django Reindhardt

Django Reindhardt

Si yo le preguntase a cualquier persona qué estilo o género musical le viene a la cabeza cuando en una misma frase aparece «música» y «etnia gitana», probablemente, para la mayoría de los mortales, el «flamenco» sería en lo primero que pensaría y lo primero que diría. Soy consciente de que eso es así, y no es nada malo; pero yo hoy os voy a hablar de otra música, también zíngara, muy diferente en estilo al flamenco, el jazz manouche gyspsy jazz en inglés– o jazz gitano. Intentaré mostrar mi pleitesía, y hacerle mi pequeño homenaje, a uno de los pioneros del jazz en Europa, a uno de los más grandes, fundador de un estilo aún vigente hoy en día: el  grandísimo Django Reindhardt. Para que os ambientéis, y sigáis la lectura con la música apropiada, os recomiendo pulséis el play y os dejéis acompañar con esta maravilla de fondo:

Estoy seguro de que si le hubiésemos preguntado a Lawrence Reindhardt, allá en los primeros días de 1910, a qué le gustaría que se dedicara el hijo que esperaba, ella habría contestado, sin duda, que su mayor deseo es que su hijo fuese «artista». Si esta breve entrevista hubiese pasado de verdad, también pondría la mano en el fuego afirmando que la señora Reindhardt nunca imaginó que su deseo se hubiese hecho realidad con tanta fuerza, y que el 23 de enero de ese mismo año iba a dar a luz a uno de los mayores genios del jazz de todos los tiempos.

El pequeño Django se crió con su familia en un campamento romaní a las afueras de Liberchies, Bélgica, y ya durante sus años mozos se sintió atraído fuertemente por la música, probando con el violín y con una especie de banjo guitarra de seis cuerdas. 

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Django Reindhardt con el violinista Stéphane Grapelli

Con apenas trece años, empezó a interpretar en directo en algunos cafés de París, curtiéndose en los escenarios y descubriendo a Louis Armstrong, la nueva música que llegaba desde el otro lado del océano.

El episodio más trágico e importante de su vida ocurrió cuando tenía dieciocho años. Por aquel entonces, vivía en una caravana en el norte de Francia con Florine, su joven esposa, quien, para traer algunos ingresos extra a su hogar, fabricaba con celuloide flores de imitación. Una noche, tras un concierto, Django tropezó al entrar en la caravana y derribó sin querer las velas que iluminaban el interior, inflamando instantáneamente todo el celuloide que había por la estancia, quedando él y su mujer atrapados dentro. Gracias a la rápida reacción de amigos y familiares que vivían cerca, ambos salieron con vida, pero Django sufrió fuertes quemaduras en su mano izquierda, la del mástil, y en su pierna derecha, quedándosele paralizada. Tras el incidente los médicos le dijeron que no podría volver a tocar y le recomendaron amputarse la pierna. A ambas cosas se negó rotundamente.

Tardó cerca de dos años en volver a caminar con normalidad, y tuvo que aprender de nuevo a tocar la guitarra con tan solo el índice, el dedo corazón y el pulgar de su mano izquierda. Aunque el terrible accidente frenó su carrera por un tiempo, fue en esa la época en la que comenzó a descubrir y a experimentar con el jazz.

Años más tarde, pocos, a mediados de los ’30, empezó a juntarse con el violinista Stéphane Grapelli, con el que grabó algunos de los éxitos que más tarde se convertirían en standards del jazz. 

Desgraciadamente la Segunda Guerra Mundial se cernió sobre Europa en 1939 y, aunque intentó escapar un par de veces de Francia no pudo hacerlo, no quedándole otra que capear el temporal como buenamente pudo. Tocando en varios clubs nocturnos frecuentados por nazis, Django se ganó el salvoconducto que le evitó correr la misma suerte que los más de 200.000 romaníes que perecieron en los campos de concentración nazis.

Durante los años siguientes, Django Reindhardt compartió escenario y estudio con enormes como Duke Ellington o Dizzie Gillespie, tocó en el Carnegie Hall de Nueva York y experimentó con las nuevas tendencias del jazz, el bebop y la guitarra eléctrica.

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Sean Penn en ‘Sweet and Lowdown (Acordes y desacuerdos)’ de Woody Allen

El día 16 de mayo de 1953, una hemorragia cerebral convirtió a Django Reindhardt en leyenda, llevándose para siempre a quien, a pesar de no saber leer o escribir, marcó de forma indiscutible a la nueva generación de músicos de jazz y a las miles de personas que, sabiéndolo o no, disfrutaban con su música. Django llenó Europa de jazz.

Para mí hay una persona que se fusiona con Django Reindhardt a través de la imagen, expresando su enorme admiración al músico y a la influencia que recibió de él. Creo que yo no habría comprendido a Django de este modo si no me hubiera sido presentado por el enorme Woody Allen, quien escogió al belga para poner banda sonora a algunas de sus películas y rendirle un sentido y profundo homenaje en Sweet and Lowdown (Acordes y desacuerdos) a través la figura de Ray Emmet, guitarrista ficticio interpretado por Sean Penn.

Como despedida os dejo un entrañable video donde se puede ver a un joven Grappelli y a un hermoso Django corriendo por el mástil –sólo con sus dos dedos buenos– en su «Quintette du Hot Club de France».

Leonardo Jul Camargo

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