Dos “Marías” antagónicas

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Nuestras Señora de Cajica (Fernando Botero, 1972)

A lo largo de la historia el hombre ha sentido la ufana necesidad de plasmar con el arte su amor y su fe en Dios, y de preservarlo como culto a lo divino. Hace años un alumno me preguntó cual era la representación artística de la Virgen María preferida por mí, aquella que tildaría de obra maestra sin dudarlo. De entre toda la iconografía cristiana, la Virgen María ocupa un lugar preferente en la imaginería. Hay miles, sino millones, de obras artísticas que representan a la Virgen María, pero, ¿cuántas merecen ser catalogadas como obras maestras? Al instante me vinieron a la cabeza dos imágenes, bien distintas entre sí. Dos representaciones marianas opuestas en estilo y concepción. Una de un colombiano del siglo XXI y otra de un pintor barroco de la España del siglo XVII.

La primera de ellas es Nuestra Señora de Cajica de Fernando Botero (Medellín, Colombia-1932). En esta obra la Virgen es una mujer de gruesas formas, rotunda, hinchada, con el estilo único del pintor. El contraste con las diminutas figuras que asoman entre las nubes, un recurso muy empleado por el artista, crea la sensación de monumental enormidad en María. En la mayoría de los países católicos de Latinoamérica, la virgen es el icono religioso más importante y venerado por todos, por lo que el motivo religioso de esta obra responde en gran medida a la educación de Botero, colombiano de nacimiento y trotamundos por convicción. Esta imagen de María, como todas las obras de Botero, se caracteriza por la sencillez de su forma y la exquisita y delicada aplicación de la pintura. El artista, que tiene su residencia en París desde 1971, continúa a sus ochenta y dos años pintando y esculpiendo, y es de reseñar la serie de esculturas monumentales de desnudos femeninos que han sido expuestos en vías públicas de grandes ciudades como París, Nueva York o Madrid.

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La Inmaculada Concepción de El Escorial (Bartolomé Esteban Murillo,1660-1665)

La segunda de las imágenes es La Inmaculada Concepción de El Escorial de Bartolomé Esteban Murillo (Sevilla, España, 1617-1682), una pintura visionaria llena de devoción y sentimiento religioso. Esta imagen de la Virgen en el reino de los cielos fue encargada para el Hospital de los Venerables Sacerdotes de Sevilla, y en ella encontró Murillo la inspiración “divina” para todas sus creaciones religiosas, para todas aquellas que le fueron solicitadas en toda Europa, y para todas aquellas que le fueron imitadas y copiadas con frecuencia por otros artistas hasta bien entrado el siglo XIX . Un grupo recatado de querubines juguetones rodea a la Señora como si se tratara de una aureola, donde la suavidad de las pinceladas y el rico y delicado colorido bañan en una suave luz, e infunden ternura, a la composición en su conjunto. La disposición de la pintura sigue las normas “recomendadas” por los teóricos españoles del arte del siglo XVII, aunque es el fuego de la devoción del propio Murillo quien anima con vitalidad la composición. El estilo de Murillo, comparado con el realismo duro, brutal, y emocional de sus coetáneos José de Ribera y Francisco de Zurbarán, es más tierno y sentimental, recordando mucho al del artista italiano del siglo XVI Antonio Allegri da Correggio.

Una misma fe y dos “Marías” antagónicas.

De Cebrián e Illescas

 

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