Conciencia social

La cultura no tiene por qué ser siempre sesuda o, por contrapeso, contener grandes dosis de evasión. Hay un abanico interminable de temas y niveles en los que presentarlos que nos puede ser útil para despertar el interés sobre otras realidades que no MaríayYovivimos. En unos tiempos en los que la banalización del entretenimiento puede llegar a ser desesperante y la rigidez de lo académico, aburrida, hay alternativas. Los referentes morales y sociales de nuestra sociedad han quedado obsoletos. Los que antes eran adalides de lo correcto: políticos, filósofos u otros especímenes, han perdido toda credibilidad o han quedado fuera de foco. Es hora de abrir la puerta al aire fresco de otras mentalidades, generaciones o maneras de contar las cosas. Cosas que trascienden el día a día y que son mucho más importantes de lo que parece pero que por su falta de difusión o la incorrecta manera de hacerlo, no llegan a la cantidad de gente que debieran.

Pongamos unos ejemplos claros. Nuestro actual modelo social ha generado nuevas realidades como el trato a los mayores, la gestión emocional de sus últimos días, las enfermedades raras, los síndromes tal vez más comunes pero aún no tratados con la sensibilidad que merecen, etc. Nuestro falaz sistema nos organiza colectas, programas maratón y campañas con famosos limpiando su conciencia en un apoyo que no se cree nadie a causas sociales. Llamadme descreído pero no puedo tomarme en serio nada de instituciones que generan campañas de marketing para concienciar sobre algo y, acto seguido, recortan derechos y fondos a la ley de dependencia o a los programas de investigación.

paco-rocaPara salir de la arenga y entrar en algo más práctico y refrescante, he de decir que hay personas que sí han sabido aportar su empuje a estos temas. Sea a través de su talento o al impulso personal de compartir experiencias para buscar soluciones, nos han dejado obras con alto valor en lo artístico y en lo social. Desgraciadamente, aunque tienen su eco, no son todo lo reconocidos que, a mí entender, debieran ser.

Voy a ejemplarizar en tres autores: Miguel Gallardo, Marius Serra y Paco Roca. El tercero quizá ha sido el que más repercusión ha alcanzado con su inmersión en el mundo del Alzheimer y el reflejo del día a día de las residencias en su obra “Arrugas”. Este proyecto, como bien sabréis los que lo hayáis leído en cómic, visto en cine o visitado en las exposiciones realizadas, no responde a un capricho sino a una honda preocupación. Viene avalado no sólo por el talento, hay detrás un importante esfuerzo de documentación y acercamiento a la realidad.

QuietoEn el caso de Miguel Gallardo, autor con gran trayectoria en el mundo del cómic y transgresor donde los haya en sus anteriores etapas, se reveló como aún más audaz al dedicar un trabajo conmovedor y de alto impacto emocional a su hija. Se trata de “María y yo” y es simplemente, ni más ni menos, que un reflejo de cómo ha sido su relación con su hija, autista, y su empeño en desmontar prejuicios sobre el tema. María, se nos dice desde la portada, es única, como todos los demás…

Finalmente unas líneas para el libro de Marius Serra “Quieto”, publicado hace unos años por Anagrama. No encuentro adjetivos para destacar como merece el esfuerzo del autor por desnudar una realidad tan cruda como la de tener un hijo con parálisis cerebral, Lluís, con una ternura y un humor que agranda a cada página la calidad humana de la familia y su convivencia de una manera vital y optimista con este desolador panorama. No doy más detalles para que los que no lo conozcáis podáis disfrutar de todo el jugo sentimental pero también social y reivindicativo que la novela contiene.

No tengo más que agradecer a estos tres autores, como ejemplo de otras muchas personas anónimas que se enfrentan con valentía, optimismo y pocos apoyos a situaciones crueles que son, en sí, la vida, lejos de la edulcorada y falsa realidad que nos presentan algunos apóstoles de la solidaridad.

José A. Valverde

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2 comentarios en “Conciencia social

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