Entremés: “Moby-Dick” de Herman Melville

«Yo había visto a un marinero que visitó esa misma isla, y me dijo que era costumbre, cuando se ganaba una gran batalla, hacer una barbacoa con todos los muertos en el jardín de la casa del vencedor; y luego, uno por uno, los ponían en grandes trincheros de madera y los aderezaban alrededor como un pilar, con frutos del árbol del pan y con cocos; y así, con un poco de perejil en la boca, eran enviados por todas partes con los saludos del vencedor a sus amigos, igual que si esos regalos fueran pavos de Navidad.[…] Por fin, se levó el ancla, se largaron las velas y nos deslizamos adelante. Era un día de Navidad, corto y frío, y cuando el breve día nórdico se fundió en noche, nos encontramos casi en alta mar en el invernal océano, cuya congeladora salpicadura nos envolvía en hielo como en una armadura pulida. Las largas filas de dientes en las amuradas destellaban a la luz de la luna, y, como vastos colmillos marfileños de algún enorme elefante, enormes carámbanos curvados colgaban de la proa».

Moby-Dick (Herman Melville, 1851)

Herman Melville JunglaHerman Melville nació en Nueva York el 1 de agosto de 1819. Tuvo una infancia complicada: su madre era prostituta y su padre un hombre de negocios que no logró más que arruinar aún más a su familia. Heman era el tercer hijo de ocho y el segundo varón de cuatro. Tras la muerte de su padre en 1831, toda la familia se trasladó a Albany y Herman acabó trabajando años más tarde en un banco local, así como desempeñando oficios tales como el de maestro, a pesar de su carencia de titulación oficial. Con diecinueve años se embarcó sin que la experiencia fuese muy satisfactoria. A pesar de ello se volvió a embarcar un par de veces más, esta vez en barcos balleneros, y fueron esos dos viajes los que inspiraron una de las obras que le dio fama: Typee. A partir de entonces se codea con la escena literaria y comienza a publicar con la revista Literary World algunas reseñas de las obras literarias de la época. En 1849 se trasladó a una aislada granja en Pittsfield, Massachussetts, donde mantuvo una estrecha amistad con el también escritor Nathaniel Hawthorne. Las deudas le obligaron a volver a Nueva York y emplearse como inspector de aduanas y su vida estuvo marcada por constantes problemas físicos y mentales, sobre todo después de la muerte de su hijo mayor. Murió en 1891, sin fama ni gloria, olvidado. No fue hasta mediados del siglo XX que se le reconoció como uno de los más emblemáticos autores de la literatura norteamericana y mundial. Se le conoce por obras tales como: Taipi: Un edén caníbal (Typee: A Peep at Polynesian Life, 1846), Omoo (Omoo: A Narrative of Adventures in the South Seas, 1847), Moby-Dick  (Moby Dick; or, The Whale, 1851) o Bartleby, el escribiente (Bartleby, the Scrivener, 1853).

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