The Misfits y el amor

No creo ser muy dado a la cursilería, o eso me gusta pensar. No obstante, hay cosas que es difícil expresar sin palabras que se han ido cargando de ñoñez y vaciando de su espíritu original, como amor. Y de eso es de lo que voy a hablar, de mi amor por “The Misfits” (Vidas rebeldes) que data de 1961. Amo a su director, John Huston, a su autor, Arthur Miller, y, por supuesto, a sus personajes y actores. Pero no me quedo ahí. Amo el argumento, las localizaciones, la atmósfera, la iluminación, la fotografía en blanco y negro, la gran idea de la agencia Magnum de enviar allí a Inge Morath y otros fotógrafos para seguir el rodaje y hasta amo la camioneta. Como veis es para mí más que una película de culto. No me gusta establecer rankings así que no voy a decir aquello tan manido de “mi película favorita”. Afortunadamente el cine es tan grande y variado que elegir eso es renunciar a mucho, cosa que no estoy dispuesto a hacer.

Misfits1No voy a destriparla y analizarla. Es aburrido para los que la conocen y cruel e injusto para los que no la hayan visto aún. Estos últimos deberían dejar de leer aquí, verla de inmediato y reengancharse al post. No sé si está tan encumbrada en la historia del cine como merece o como yo la tengo valorada, pero algo que partió como un vehículo para el lucimiento en un papel más dramático y de altura para romper la imagen frívola y tontorrona de la esposa de Miller, Marilyn, se convirtió en una de las cintas que mejor retratan el sentimiento de derrota vital de unos personajes grandiosos. Los cinco.

El elenco, como sabéis, lo formaban Clark Gable, Marilyn Monroe, Montgomery Clift, Eli Wallach y Thelma Ritter. Cada uno cumple con su cuota de responsabilidad y se luce en esta historia de perdedores que hurga en los sentimientos, las esperanzas y las decepciones de todos ellos.Misfits2

Gable y Monroe, pareja poco creíble a priori, se hacen con el control en unas interpretaciones memorables y que fueron, sin que ellos lo supieran, sus últimos largometrajes. El fin de sus vidas y sus carreras. Legendarias por distintos motivos pero ambas imperecederas para la historia del cine. Por su parte a Montgomery Clift no le iba a ir mucho mejor y fallecería en 1966 con tres películas más en su filmografía.

Volviendo a la esencia, los paisajes de Nevada y la inmersión del espectador en la América profunda la convierten en documento de una época y unos estereotipos que tocaban a su fin. Las escenas del rodeo, el bar o la persecución de los caballos salvajes son muestra de ello.Misfits3

Como digo, no quiero profundizar mucho más, sólo recordar que, si se dejan al lado los prejuicios iniciales que en algunos puede despertar el reparto, no hay duda de que el goce cinematográfico está garantizado.

En el ínterin, Arthur Miller cambió de esposa, se divorció de Marilyn y se casó con Inge Morath con quien conviviría cincuenta años. Con todo, ya le había hecho un gran regalo: su mejor papel, Roslyn Taber.

José A. Valverde  

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